Allá por septiembre del año 1980, de vuelta tras nueve meses de estancia en Inglaterra, estuve recorriendo Europa viajando sobre una Vespa durante unos 7.000 Km., que me requirieron la compra de una faja para mi espalda: cada día, a los 50 Km. de "cabalgarla", mi espalda me producía un dolor muy fuerte...
Fueron los primeros síntomas de posteriores lumbalgias, protusiones (o hernias discales), algunos episodios de ciáticas agudas e incluso algún desplazamiento de las articulaciones sacro-ilíacas.

Tras mi llegada a España, comencé a ser tratado periódicamente, cuando sentía dolor, con antiinflamatorios y/o analgésicos.

Trabajé como funcionario –posteriormente a haberlo hecho como personal contratado- en el servicio de reparto urgente de Correos. El continuo uso de scooters me producía al llegar la noche un dolor, más o menos intenso, de espalda que remitía con el descanso nocturno.

Más adelante y ya de vuelta a Zaragoza tras un par de destinos previos, tuve bajo mi cuidado a mi madre inválida: a pesar de contar con la ayuda de personas para su cuidado a lo largo de algunos años, hube de realizar esfuerzos en ese tiempo que agravaron mi situación: y en este estado estuve más de un año soportando el "tratamiento adecuado" de Celebrex, Ibuprofeno y otros antiinflamatorios y analgésicos farmacéuticos recetados por mi médica de cabecera, buena profesional y buena persona y trabajadora, pero con los "handicaps" de su (de)formación médica-universitaria y la (drogo)dependencia, tan típica de los licenciados en “Medicina y Cirugía” hacia los laboratorios farmacéuticos (auténticos devoradores de la salud social en aras de su "enriquecimiento" dinerario y poder "estratégico")
Conseguí en una suplencia por vacaciones de dicha médica que su sustituta me firmase un volante para acudir a la consulta de un especialista en traumatología, el cual a pesar de diagnosticarme, tras levantarme la pierna estando tumbado en una camilla y no haber gritado estentóreamente, que NO TENIA NADA (sic), me ordenó, y sólo por amistad con mi familia (sic), una REM (resonancia electromagnética, prueba similar a un scanner). Tardó la S.S. seis meses en realizármela y entregarme el resultado: una hernia discal cronificada entre L3-L4: dicho traumatólogo con el resultado en mano y sin saber bien qué poder decir tras su "patinazo" diagnóstico medio año antes, me recetó antiinflamatorios, analgésicos y demás...recetas que fueron a la basura.

Me empecé a "buscar la vida" al margen del lamentable circuito oficial: quiroprácticos (2 en Zaragoza, uno de los cuales empeoró de forma preocupante mi estado tras una primera aparente mejoría, y el segundo casi me destroza el cuello); cuello que me mejoró un médico osteópata, aunque resultó ineficaz para mi espalda.
Seguí con osteópatas, 4 de ellos “médicos” y otro ‘no médico’: fue este último, curiosamente, con quien mejores resultados conseguí, con mucho, para mi espalda...

Con el tiempo y dolores intermitentes, a veces agudos, con episodios de lumbalgias y lumbociáticas y en mi ausencia de Zaragoza por los trabajos del traslado de residencia a Andalucía a finales del 2005, decidí recibir un tratamiento de ozonoterapia para "curar definitivamente" mi espalda con un 80% de probabilidades en Quirón Barcelona -junio 2006- (resulta que ese equipo médico usaba, con el consentimiento del Grupo Quirón, el nombre de Quirón, aunque posteriormente Quirón me dijo que no hacía ozonoterapias (!!!)(???).
Me cobraron más de 3.000 euros -más los gastos que me supusieron el traslado, alojamiento y manutención durante 10 días en Barcelona- por un tratamiento de 4 sesiones de inyecciones en consulta en musculatura paravertebral y dos aplicaciones de ozono intradiscales en L3-L4 y L4-L5 en quirófano: pero en quirófano solo me lo aplicaron en L4-L5, sin haber podido saber nunca, razonablemente, por qué no lo hicieron, según lo convenido y pagado, en L3-L4: sus razones argüidas eran contradictorias y falsas. Su informe “médico”, ‘que todo había ido bien, sin problemas’. A las 24 horas y tras "diluirse" el efecto de ¡¡¡3 ampollas de Nolotil !!! suministradas por vía intravenosa en quirófano y de lo que sólo me enteré por figurar en la factura de Quirón (+ una infiltración analgésica en la zona de mi cadera derecha), comenzaron unos dolores serios que me hicieron acudir a urgencias de Quirón Barcelona: analgésicos, antiinflamatorios y, antes de nada, aclarándome el médico de guardia - que me dio una atención personal buena, aunque ineficaz médicamente hablando- que 'Quirón no realiza ozonoterapias...' (¡¡¡???)

Mi estado empeoró progresivamente, atiborrado de inyecciones y medicación oral con antiinflamatorios y analgésicos de todo tipo, y la necesidad de acudir por tres veces a los servicios de urgencias de la S.S. en Zaragoza, con unos resultados totalmente inútiles...

Por ello decidí, en mi estado de salud tan lamentable y sufriendo tal estado de dolores, acudir a otra consulta, la del considerado mejor neurocirujano de Zaragoza, con el objeto de estudiar una posible intervención quirúrgica ‘contra’ mi espalda: tras una nueva REM. me dijo que ‘no veía que fuera un cuadro radiológico para operar’, ni que tampoco veía ningún "destrozo" que pudieran haberme hecho durante la ozonoterapia de Quirón Barcelona, 'pero, claro, añadió...que hay muchas cosas que no se ven en una REM’ (ahora me viene a la memoria, al respecto, un dicho que oí de labios de un amigo: ‘entre bomberos, no es cuestión de pisarse la manguera’…). Me ordenó sesiones de fisioterapia que tuve que abandonar en la tercera de ellas por no poder siquiera soportar el dolor que me producía estar en la camilla durante un rato, y menos cualquier tipo de manipulación, por suave que fuera.

Así que con mis 2 hernias diagnosticadas radiológicamente, con ligeros problemas de canal y alguna cosilla más, al parecer ¡'sin demasiada importancia' me decían!, más ese posible desplazamiento articular sacroilíaco y con un proceso lumbociático agudo diagnosticado en la visita a urgencias un par de semanas después, volví a la cama, postrado totalmente y literalmente intoxicado con toda la “medicación” prescrita, empeorandose mi situación hasta no poder dar vuelta, cambiar de posición en la cama, sin sufrir un gran dolor.

Me levanté, desesperado, un día -casi no podía hacerlo- y con mucha dificultad, me 'lancé' a Internet a encontrar alguna "cosa rara" que pudiera servirme en ese estado: o mejoraba, o quería la muerte. Mi situación era insoportable.

Encontré tres ó cuatro vías "extrañas" pero asequibles en principio, aunque la única que resultó, de hecho, viable y posible en aquél momento fue la de la apiterapia.

Mi primera sesión de apiterapia fue el día 10 de agosto '06. Casi no pude levantarme, llegar a la estación de ferrocarril, tomar el AVE para Madrid y luego un cercanías hasta Alcalá...pero llegué, tres horas escasas después de haber salido de casa, a la consulta de Pedro.
Después de charlar un buen rato y una primera semipicadura para establecer la posible alergia a la apitoxina, me dio una sola picadura completa de abeja: a los diez minutos, me levanté y me di cuenta que mi dolor agudo había desaparecido: volvió, sin embargo alrededor de una hora más tarde, pero ya no era tan sumamente intenso...en ese instante sentí, intuí, tuve la inequívoca seguridad de que había elegido el camino de curación acertado, correcto, apropiado, adecuado, preciso, para mi sanación.
Escasamente mes y medio más tarde, tras unas seis sesiones, pude decidir viajar a Andalucía para continuar con la preparación de mi residencia allí, en Las Alpujarras: en poco más de un mes y medio después de estar tirado en la cama sin poder apenas moverme, conduje el coche en un viaje de 900 Km. y me puse a mover muebles, cajas…
En días especialmente duros, -además de mi gran sobrepeso en el momento de escribir este testimonio- siento como si tuviera una cierta sobrecarga en espalda o articulaciones...que disminuye o cesa tras el descanso nocturno y/o la ayuda de la dinámica que me sugirió Pedro en aquél entonces del Dr. Sarno. Y otras muchas que, posteriormente, he ido descubriendo y aprendiendo.

Hube de volver a consulta en las dos primaveras siguientes –estación con una gran eclosión energética-por sendas recaídas dolorosas: la primera haciendo una cama y la segunda… ¡por un problema emocional de ira!
Ambas se resolvieron en un par de sesiones de apiterapia: la de la primavera del 2007 en la consulta de Pedro y la del 2008 en la de Elena Arcega, en Tauste (Zaragoza).

Desde entonces no he vuelto a tener ninguna molestia en mi espalda mínimamente invalidante, a pesar del ritmo de vida y viajes -he recorrido sólo volando un total de más de 50.000 Kms.-que me han supuesto mis estudias y prácticas de terapias por Sudamérica durante el último año de 2008.

Y a quienes leáis estas líneas, si sufrís un padecimiento como el que me ha aquejado o cualquier otro tratable, y no sólo con apiterapia -de la que se considera muy válida para tratar a personas padeciendo enfermedad con más de mil manifestaciónes sintomáticas diferentes de la misma -, si no también con Biomagnetismo, EFT, detoxicación corporal, radiestesia, etc., os invito a que os animéis y decidáis aplicaros este tratamiento, pudiéndooslo ofrecer en mi consulta.