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Mi
nombre es Ernesto.
Comenzaré
diciéndoos que tras más de 25 años de haber estado sufriendo dolores
progresivamente crecientes en mi espalda (que comenzaron en el año1980
durante un viaje de 7000 Kms. por Europa sobre una Vespa) y soportando
posteriormente los tratamientos “médicos” al uso, que tan apenas los
aliviaban pero que sí iban deteriorando de forma paulatina mi estado
general de salud, decidí en el año 2006 someterme a una ‘Ozonoterapia
intradiscal’ en la Clínica Quirón de Barcelona, -efectuada en quirófano
y con anestesia- por el equipo que aparecía publicitado como el oficial
de dicha Clínica (con el obvio consentimiento de la misma) y que finalmente
no lo era.
Tras dicha intervención, quedé prácticamente inválido, aquejado por
unos dolores intensísimos que en nada pudieron, siquiera paliar, los
fármacos que me prescribieron en mis repetidas visitas a los servicios
de urgencia, en un primer momento, de dicha Clínica Quirón y, posteriormente
de los hospitales de la S.S. de Zaragoza.
Desesperado por mi situación, y ante la absoluta ineptitud de la “medina
oficial”, decidí encontrar ‘algo’ verdaderamente médico (=curativo,
eficaz) en Internet. Y me topé con la apiterapia.
Encontré dos Webs en Internet referentes a consultas de Apiterapia:
una en Barcelona y la otra en Madrid, en Alcalá de Henares.
Al no conocer el tema, localicé a través de ellas a algunos pacientes
que habían recibido esta particular terapia. Y me animaron, sin dudarlo,
a recibirla.
Nunca
había oído hablar de ella, y creo que si no hubiese sido por mi lamentable
estado, nunca hubiese decidido probarla. Pero en aquellos momentos de
dolor y desesperación estaba dispuesto agarrarme a un ‘clavo ardiendo’.
Algo que, por cierto, no es, en absoluto, la Apiterapia…
Comoquiera
que su experiencia me animó al extremo de empezar a pensar que me iba
a poder recuperar, que iba a poder lograr mi curación, y mi proyecto
de los últimos tiempos era ir a vivir a Las Alpujarras, opté por Alcalá
de Henares (Madrid) por estar mejor situado geográficamente–y en aquél
tiempo mejor comunicado por el AVE- con respecto a Zaragoza y Andalucía.
Al poco tiempo comencé allí tratamiento con el apiterapeuta Pedro Pérez,
con quien en 9 ó 10 sesiones, prácticamente superé mi estado físico
lamentable, pasando, poco a poco, de ser un enfermo aparentemente irrecuperable
a convertirme en una persona que recupera su salud. Me ayudó mucho y
bien, tanto profesionalmente como apiterapeuta como en la información
a mis numerosas preguntas y dudas sobre ese mundo nuevo y apasionante
que para mí empezaba a ser el de las la abejas, el de la apiterapia,...
Y ya subyugado por ese mundo, absorbiendo como una ‘esponja’ conocimientos
e implicándome en las pautas para andar por el camino hacia mi sanación,
iba, al tiempo, descubriendo ese ‘nuevo Mediterráneo’ que comenzaba
a desvelar: las abejas, los productos de la colmena y la curación que
con ellas se practica: la apiterapia.
Empecé
pronto a estudiarla a distancia además de con un interesante CD-ROM
interactivo, así como leyendo libros referentes al tema.
Pero como todo ello me pareció insuficiente para su conocimiento apropiado
y mi buena formación del apiterapeuta que deseaba ser, y ante la imposibilidad
de un aprendizaje idóneo, tanto teórico como, y fundamentalmente, práctico,
en España (debido al terrible vacío legal existente en el país relativo
a las diferentes medicinas y terapias, y debido sin duda a la dejación
de sus deberes por parte de nuestros políticos en favor de las multinacionales
farmacéuticas, al tiempo que una preocupante y generalizada pasividad
de la mayoría de las personas integrantes de nuestra sociedad), decidí
marchar al extranjero.
Gracias
a la realización de la venta del apartamentito que me quedaba en Las
Alpujarras pude costearme ese viaje por América durante casi medio año.
La pérdida económica en dicha vente fue ostensible, -aunque normal dados
los tiempos que en ese momento (principios del 2008) ya empezaban a
correr-, pero la alegría de disponer de economía suficiente para poder
afrontar ese proyecto de formación como apiterapeuta, y, en general,
lo que resultó en sí misma otra impresionante experiencia de vida, obvió
esa pérdida dineraria, llegando a considerarla incluso como una ganancia…
Hoy,
después de todo este itinerario recorrido, puedo agradecer especialmente
a Dios y también a todas las gentes que en uno u otro sentido he encontrado
en este tiempo de mi vida, que todo, sin excepción, ha sido bueno, muy
bueno, y que todo ha sido para bien…
Y
así, y ya desde el comienzo del año 2009, he podido ofrecerte mi ‘consulta
de Apiterapia’ y otras terapias -desde un principio en Zaragoza, y a
partir del año 2010 en Falces (Navarra)-, fruto de toda esta experiencia
de vida, estudio, prácticas, deseos y agradecimiento, con la esperanza
cierta de que pueda servirte de ayuda y acompañamiento en el camino,
por ti deseado, de recuperar tu salud perdida.
Porque mi aspiración no pasa de la de ser un curandero, esto es, una
persona que cuida (curar = cuidar) a otra/s, ayudándola/s en el camino
de su propia sanación. Porque el sanador es, siempre, el mismo enfermo.
Y el cuidador (curandero, terapeuta, médico) quien ayuda y colabora
–muchas veces de forma imprescindible- con el enfermo en ese camino
hacia su salud.
Es por ello que no pretendo ningún protagonismo, sino solamente trabajar
humildemente (la gloria pertenece sólo a Dios) en la medida de mis posibilidades
colaborando con quienes acudan a mi consulta para acompañarles, ayudándoles,
en la aventura de recorrer juntos el pequeño tramo de la vida que se
nos ha dado para la recuperación de su salud, para su curación, su sanación,
que, realmente es también la de l@s dos, la de tod@s, y también la de
todas las demás criaturas y de toda la Tierra…
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