La miel es un concentrado muy variado
con estupendas y múltiples propiedades, preparado por las abejas a
través de un proceso denominado 'trofalaxia' (los "besos"
de las abejas), mediante el cual transforman los azúcares provenientes
de los néctares que han recolectado en las plantas además de agregarles
enzimas y que posteriormente deshidratarán hasta su punto de 'maduración'
en las celdillas, momento en el que las opercularán.
Es el "carburante" de las abejas
de la colmena, de todos los días y durante todo el año. Constituye
una reserva de alimento para la colmena durante los tiempos de escasez
de néctar, sobre todo durante el invierno, ejerciendo también el papel
de aislante climático de la colmena que las abejas saben utilizar
con destreza: así el nido de cría estará siempre protegido por una
capa de miel.
Su composición, habla
de agua (es conveniente que su porcentaje sea menor
al 18.5%, y así con una actividad de agua muy baja con valores de
aw= 0,60 se impide el crecimiento microbiano, de levaduras y de otros
tipos de hongos), azúcares (entre el 95 y el 99%,
fundamentalmente hexosas, bastante fructosa y glucosa, y muy poca
sacarosa, siendo el porcentaje de ésta última de alrededor de tan
solo el 1%), minerales (entre el 0,1 y el 0,2% de
potasio fundamentalmente y menos de cloro, azufre, sodio, fósforo,
magnesio, manganeso , hierro, cobre, etc.), vitaminas (en
cantidades de 0,007 a 3,0 mg/100gr), enzimas como
la invertasa y la amilasa, ácidos orgánicos como
el glucónico, acético, fórmico, láctico, cítrico, etc. que le dan
aroma y la hacen hostil al desarrollo de bacterias, y escasas proteínas
y aminoácidos libres.
Su pH da unos valores cercanos al 3,6
lo que se corresponde con unos 22 meq/Kg.
Tiene la miel unas importantes propiedades alimenticias y energéticas: aporta gran cantidad de azúcares ya desdoblados que son absorbidos con rapidez y por tanto muy digeribles para las personas, así como algunas enzimas, vitaminas, minerales y ácidos orgánicos de gran importancia para el organismo.
Su consumo continuo puede producir un efecto ligeramente laxante:
sin embargo una persona podría comer medio kilo de miel al día sin
que ello le supusiese problema alguno.
A las mieles oscuras (mas ricas en minerales) se les concede un mayor valor nutritivo.
Las mieles 'cristalizadas' son tan buenas como las líquidas y más fáciles de manejar a la hora de tomar una cucharada con la que endulzar una infusión o cualquier otro líquido o alimento (de hecho, una miel que no cristalice en determinadas condiciones de temperatura, es una mala miel que ha sido manipulada)
Si la miel resulta excelente comiéndola directamente, a las personas de estómago sensible se les recomienda diluirla en café, té o leche, por su pH ácido.
Por sus efectos antibióticos
y emulgentes, es un gran medicamento capaz
de curar úlceras y heridas, así como aliviar y sanar infecciones de
garganta e incluso del resto del tracto respiratorio, lo que la convierten
también en un desinfectante tópico de elección, mucho mejor que cualquiera
de los existentes al uso en farmacia, por sus resultados excelentes
en la evolución sanadora de las heridas y su gran capacidad y calidad
cicatrizante (evita el desarrollo de los patógenos -pudiendo todavía
aumentarse esta acción añadiendo propóleos- ) y alimenta las células
que están sanando la herida.