Es una sustancia secretada por las glándulas
exocrinas faríngeas e hipofaríngeas -o mandibulares- de las abejas
obreras jóvenes ('nodrizas',) en un momento preciso de su vida: con
una edad de entre 4 y 12 días
Su aspecto es viscoso, de color blanco cremoso o amarillo dorado pálido,
con una composición que presentará algunas diferencias, aunque no
muy acentuadas al parecer, dependiendo de la raza de las abejas que
la producen, así como de su destino en la colmena (según sea para
el alimento de larvas de obreras y zánganos, para las larvas de reinas
o para la misma reina ya adulta).
Se ha establecido bioquímicamente que, desde un punto de vista analítico-cualitativo,
su contenido en ácido 10-hidroxi-2-decenóico resulta un indicativo
importante.
Su obtención es muy laboriosa y su venta, de alto precio dado el bajo
porcentaje de producción en la colmena.
Sólo las abejas reinas la reciben exclusivamente
como alimento a lo largo de toda sus vida, mientras el resto de las
abejas solamente la reciben durante los tres o cuatro primeros días
de su estado larvar.
Sus extraordianarias cualidades alimenticias
son las que le confieren a la reina una enorme fertilidad: es capaz
de poner entre 2.000 y 4.000 huevos al día, con un peso total mayor
al suyo mismo. También le conceden una longevidad enorme: mientras
que la vida media de una abeja obrera oscila de entre 30-40 días hasta
un máximo de tres meses, la reina puede llegar a vivir hasta 6 años.
La jalea real se ofrece para su uso humano
tanto en estado puro (la de mejor calidad) como mezclada con miel,
así como en preparados en ampollas bebibles con fines medicinales
y como reconstituyente en los estados de debilidad física o sicológica.
Debe conservarse en frío, exceptuando la preparada en ampollas por
proceso de deshidratación mediante liofilización de la jalea real
líquida, que puede permanecer a temperatura ambiente media.